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ENTERRADOS VIVOS (13-ENE-2008) John MacInthyre no podía mover su cuerpo. Pero él lo sentía todo: las honras fúnebres, los sollozos de su familia y la mecánica actuación de los sepultureros que lo enterraron. Quería gritar que estaba vivo, pero todos los dieron por muerto aquel año de 1824. Pasaron varios días y, esperanzado, escuchó a los mismos sepultureros exhumando el cadáver. Pero siguió sin poder dejarse notar y con más pánico si cabe, escuchó como iba a ser diseccionado sobre una mesa de mármol. Primero llegaron las descargas eléctricas para livianizar el rigor mortis y luego se aproximó a él un forense armado con una inmensa lámina afilada que penetró en los tegumentos de su pecho... Entonces, pudo gritar. Su alarido se dejó oír en kilómetros... ¡Había revivido! ¿O acaso había resucitado? Determinar qué es la muerte y cuáles son los síntomas que la certifica es una vieja lucha de la medicina que parece no ha sido todavía ganada. Quizá la explicación a muchos casos de resurrección esté ahí, en la probabilidad de que una muerte aparente no sea tal y que los resucitados no hayan, en realidad, atravesado el umbral. Los zombis son un buen ejemplo. La tetrodotroxina que contiene el poudré o polvo zombi (al igual que otras drogas cuyos secretos conocen diferentes pueblos tradicionales) provoca un estado similar a la catalepsia -la desaparición de todo signo de vida aparente- del que se puede despertar. Así pues, los zombis, en realidad, nunca murieron. ¿Es esta la explicación a los casos de resurrección? Demostrado está que, muy a menudo, algunas personas son enterradas vivas. Por ejemplo, cuando fueron repatriadas la víctimas de la Guerra de Vietnam, los féretros de un 4 por ciento de ellos presentaban sus cuerpos retorcidos, sus puños roídos y la madera arañada. Había revivido en su propia tumba sin opción a salir de ella... Son miles los casos que lo demuestran. Hombres y mujeres que renacen en las cámaras de frío de los hospitales, en sus viviendas cuando reciben las honras fúnebres y, a veces, en el transcurso de sus propios entierros. Hombres y mujeres a veces no tan afortunados y que despiertan bajo tierra, tal y como confirmaron los sepultureros parisinos en la década de los setenta, cuando aseguraron que muchos cadáveres, al ser exhumados, mostraban signos de aparente "resurrección". La clave, según muchos estudiosos, puede estar en la llamada catalepsia. Pero, sobre todo, en el estudio de los mecanismos que la pueden provocar. Aunque, por otro lado, en algunos casos, ni siquiera esta muerte aparente parece ser la clave para resolver episodios tan intrigantes. De este modo, a veces queda la tentación de volver atrás en el tiempo y admitir que aquel Dr. Maze que obtuvo reconocimiento público en Francia al afirmar que el único signo evidente de muerte es la putrefacción, tenía toda la razón. Así que, por si acaso, habrá que seguir haciendo caso a los antiguos sicilianos, que enterraban a sus muertos en enormes féretros con provisiones, respiraderos y agujeros para poder llamar a los vigilantes de los camposantos, que hacía guardia las 24 horas, no fuera a ser que a alguno de aquellos enterrados les diera por resucitar.
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©2008 Sergio Nava
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